La importancia de los espacios compartidos
- Joaquin Martinez

- 13 oct
- 3 Min. de lectura

Hace poco recordaba mi experiencia en la Asociación de Estudiantes Latinoamericanos (LATAM). Pensaba, por ejemplo, en las personas que conocí y su impacto en mi vida. Pensaba también en los eventos y fiestas que compartimos. Sobre todo, pensaba en el valor que tuvo en mi vida tener la fortuna de ser parte de este espacio compartido.
Así, concluí que LATAM fue una bendición, pues encontré un lugar de pertenencia en un momento dónde me sentía confundido, desconectado. Dentro de una ciudad con una cultura fría, LATAM fue un espacio para conocer personas culturalmente parecidas; fue una forma de ayudar a estudiantes latinoamericanos a sentirse en casa, aún estando a 10,000 kilómetros de distancia.
Pero, si la organización tuvo cualquier mérito fue exclusivamente gracias a ese equipo de personas que se pusieron al servicio de los demás. No lo hicieron buscando los reflectores o la notoriedad. Únicamente buscaban ser una fuerza positiva en los estudiantes que buscaban pertenencia en un ambiente confuso que todos navegamos en algún punto. Tener la oportunidad de liderar LATAM fue un recordatorio que dentro de las dificultades, siempre hay espacio para el cambio.
Por eso, todavía le tengo un cariño profundo a la organización. Las personas que conocí siguen siendo mis amigos y amigas más cercanos y los eventos sociales formaron lazos que perduran en el tiempo. Cuando dejé la universidad, LATAM permaneció conmigo a través de las personas que conocí en el camino.
Sin embargo, de todas las lecciones, el mayor aprendizaje fue este: los espacios compartidos son una fuerza de cambio muy potente. Las organizaciones, los clubes y movimientos de sociedad civil son la herramienta más poderosa que existe para crear cambio. Especialmente, en momentos dónde la política parece alejarse del ciudadano, recordar el valor de los espacios compartidos es una lección muy poderosa.
Los ‘jóvenes’ siempre han querido cambiar el mundo. No es un concepto nuevo; es una premisa histórica de las nuevas ideas contra el status quo. Sin embargo, los jóvenes hoy no deben olvidar que los espacios compartidos son la forma más efectiva para promover el cambio, pues permiten liderar cambios de manera orgánica y eficiente. No requieren de grandes cantidades de dinero, ni de estructuras burocráticas. Únicamente una visión clara y un compromiso de hacer un cambio, por más pequeño que sea. En el mundo digital actual, las publicaciones en redes sociales son una forma de demostrar a los demás lo que nos molesta, enoja o apoyamos. Pero al final son mensajes genéricos, cuyo único valor es el mensaje implícito de mandar un mensaje. Es un punto de inicio, pero el cambio real requiere transformar ese descontento en una idea sobre cómo hacer algo al respecto.
En un mundo de incertidumbre y volatilidad, los espacios compartidos transmiten certeza y optimismo. Son el refugio de las personas que, tomando la batuta y sin esconderse, entienden que el cambio empieza con ideas simples y pragmáticas. Por eso, una de las lecciones que me llevo de LATAM es la importancia de involucrarnos en algo, lo que sea. Involucrarse al 100% en algo que quieras cambiar. Creer en algo y proponer un cambio, por más pequeño que parezca.
Supongo que los fundadores de LATAM hace tantos años pensaron así: ¿cómo hacer que los estudiantes latinoamericanos se sientan bienvenidos en la universidad? Empezaron únicamente con una cuenta de email y una idea de cómo crear pertenencia. No necesitaron más para empezar. Como vemos, la visión y el legado continúan todavía, espero por muchos años más.






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